sábado, 4 de julio de 2015

Escrito por Adrián Ortiz Romero Cuevas - Tiempo en Linea

En Estados Unidos cambia el modelo tradicional del matrimonio como la unión de un hombre y una mujer.

Hace escasas tres semanas, la Suprema Corte de Justicia de la Nación estableció jurisprudencia en el sentido de considerar que toda denominación legal del matrimonio que establezca que éste ocurre de la unión de un solo hombre y una sola mujer, y/o que establezca que el matrimonio tiene como fin la procreación, es inconstitucional. Casi a la par de ello, la Corte Suprema de los Estados Unidos emitió un fallo en el que declara constitucional el matrimonio entre personas del mismo sexo en toda la Unión Americana. El caso mexicano es medianamente conocido entre nuestra sociedad. Sin embargo, vale muchísimo la pena revisar el caso estadounidense para comprender sobre qué temas versó la discusión y qué asuntos fueron los relevantes en esta decisión.
En efecto, El pasado viernes 26 de junio, la Suprema Corte de los Estados Unidos anunció su decisión en el caso Obergefell v. Hodges. En este asunto, la litis del caso se centraba en dilucidar: (i) si conforme a la 14ª Enmienda de la Constitución estadounidense, los estados tienen la obligación de permitir el matrimonio entre personas del mismo sexo y (ii) si la misma enmienda obliga a los estados a reconocer los matrimonios gay celebrados en otros estados. Estas preguntas no habían sido abordadas expresamente por la Corte en asuntos anteriores.
Para considerar, señala Julio Martínez Rivas en la versión electrónica de la revista Nexos http://bit.ly/1epsPRy), la primera pregunta, la sentencia del juez Kennedy (quien insistió en el tema durante los argumentos orales) partió de un breve recuento sobre la historia del matrimonio. Al respecto, sostuvo que de los antecedentes históricos de dicha institución, se desprende su enorme importancia para la vida de las personas y la necesidad de que algo tan importante para los individuos sea protegido por el Estado. Sin embargo, y reconociendo que la historia moldeó tradicionalmente la institución como la unión de un hombre y una mujer, la sentencia precisa que la tradición pueden ayudar a entender una institución, pero no puede significar un límite a las libertades constitucionales.
En esta última afirmación, la sentencia de Kennedy combate frontalmente la doctrina del originalismo, según la cual la interpretación constitucional debe partir de las consideraciones hechas por las personas que participaron en el proceso de construcción del documento constitucional (1789 y sus enmiendas). De hecho, la sentencia de Kennedy ataca la doctrina de los jueces Scalia y Thomas en más de una ocasión, por ejemplo al afirmar que quienes escribieron y ratificaron el Bill of Rights y la 14ª Enmienda no tenían la pretensión de conocer la amplitud de las libertades constitucionalmente protegidas, sino que delegaron el desarrollo de las mismas a generaciones futuras, conforme éstas fueran "aprendiendo cuál es su significado".
Por supuesto, el ataque frontal (y brutal) de Kennedy a la doctrina de Scalia merecía un revés. En su voto disidente, Scalia no sólo llamó a la decisión un "golpe de Estado", "pretenciosa" y "egocéntrica", así como atentatoria de la reputación de la Corte para "pensar claro" y "ejercer un análisis sobrio", sino que también la cuestionó por pretender dotar a los jueces de un poder "super-legislativo" y asumir que encontraba un derecho constitucional olvidado por generaciones enteras de jueces y abogados.
En realidad, contrario a lo que afirmó Scalia, la Corte no pretendió establecer un "derecho constitucional al matrimonio gay", sino que, considerando la existencia (no cuestionada) de un derecho a casarse, la Corte desentrañó el sentido del mismo y lo hizo extensivo a las parejas del mismo sexo. La distinción es sutil e inteligente.
Thomas, también inconforme con la postura de la mayoría frente a la doctrina del originalismo, escribió un disenso cáustico, acusando a la Corte de emprender una postura revisionista de la historia y la tradición jurisdiccional.

Ahora bien, la mayoría, conforme a la doctrina de stare decisis, sustentó su decisión en casos pasados, a fin de demostrar que Obergefell era la consecuencia natural de un proceso evolutivo de criterios jurisprudenciales. Así, recordó que la protección de la 14ª Enmienda se extendía no sólo a los derechos y libertades consagrados en el Bill of Rights, sino también a otros derechos importantes relativos a la dignidad y la autonomía humana.

LA DEFENSA CONSTITUCIONAL
Vale la pena detenerse, dice el autor a quien seguimos en estos argumentos, en dos temas más, mismos que suscitaron un enfrentamiento no menor entre la mayoría y minoría de este caso: el vínculo entre el matrimonio y la procreación, así como las facultades del Poder Judicial para entrar en el debate relativo al matrimonio gay.
En relación con el primer tema, la sentencia de Kennedy simplemente establece que "la habilidad, deseo o promesa de procrear no es y nunca ha sido un prerrequisito para contraer un matrimonio válido en un estado." Sin embargo, la opinión disidente de Alito se sustenta esencialmente en ese vínculo reproductivo y afirma que, con independencia de la postura que considera al matrimonio como algo fundado en la felicidad de las personas, lo esencial del matrimonio es el coito y la perpetuación de la especie, visión que, a su juicio, los estados pueden adoptar legítimamente.
Por otra parte, dentro de un debate interno interesante, la posición de la mayoría afirma que pudiese pensarse que el asunto merece más legislación, litigio y debate, pero lo cierto es que: (i) ha habido discusión suficiente y (ii) la propia Constitución estadounidense ha garantizado el acceso al proceso jurisdiccional a fin de garantizar ciertos derechos de los ciudadanos y evitar que los mismos sean sometidos al voto y al resultado de las elecciones. Sin embargo, todos los disidentes (Scalia, Roberts, Alito y Thomas) insisten en que la cuestión debió dejarse a consideración del proceso legislativo y la discusión política de los estados de la Unión. Los disidentes cuestionan el que cinco jueces constitucionales decidieran la cuestión, arrebatando a las personas la libertad de decidir en democracia.

LA ESFERA DE LO INDECIDIBLE
Al margen de estos argumentos, somos partidarios de la postura de que los derechos fundamentales de las personas, como el de mantener cabalmente a salvo su propia dignidad humana, y el de no ser discriminado, no pueden quedar a consideración ni de la democracia ni de un proceso deliberativo en normas secundarias. Éstas son cuestiones que se encuentran más allá de lo que la sociedad o un poder legislativo puede decir, y esa es la gran virtud de estas sentencias que sobreponen los derechos fundamentales a las consideraciones morales de la sociedad.

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