viernes, 3 de julio de 2015

El escándalo fue el espectáculo sexual rentado por la facultad - lanacion.com (Argentina)

Algo pasó en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Pero ¿qué fue lo que pasó?

¿Cuál es el escándalo? ¿Es el sexo? ¿En serio? Sobre eso, valen la pena tres aclaraciones. La primera, que cada segundo, en Estados Unidos solamente, 28.000 personas ingresan a Internet para buscar pornografía. Al alcance de un clic. Los planos más inconcebibles del acto sexual. Es difícil pensar que quede algo en el sexo, esa vieja costumbre de la humanidad, que pueda escandalizarnos.

La segunda, que no hay nada de pacato en mi mirada porque no veo erotismo en el posporno de Sociales. La acrobacia sexual explícita y expuesta es para mí gimnasia de Cirque du Soleil que equivocó el camino. Espectáculo vacío. Nula erotización. Cero ratón de esos que revolucionan inconscientes y cambian el mundo. Hemos visto miles de veces la escena con la que Sociales buscó agitar nuestras conciencias sexuales: están en el porno "en sentido estricto", el del mercado. Esos cuerpos a la intemperie no hacen la revolución. Al contrario, la anulan. Dan ganas de taparlos con frazada. Para darles calor. Que no se resfríen.

La tercera, que no hay nada más conservador que el sexo reducido a performance controlada, autorizada y fogoneada por la autoridad educativa. Cuando hay permiso, ya no hay tabú a vencer sobre cuya derrota construir una nueva cultura. El posporno sociológico fue, al contrario, espectáculo sexual rentado por los que mandan en Sociales.

Y ése es el escándalo: que el espacio elegido haya sido la Facultad de Ciencias Sociales. En todo el mundo, el debate está instalado: sociedades enteras se preguntan el sentido de carreras e investigaciones en áreas como humanidades y ciencias sociales. ¿Para qué ciencias sociales? ¿Para qué sirve un sociólogo?

La tecnología y las ciencias duras dominan la matriz cultural con la que se conciben los tiempos. Sus resultados palpables -que curan, salvan vidas, alimentan millones, construyen techos- les ganan a las elucubraciones intelectuales por varios cuerpos. El punto es polémico y hay mucho para debatir. Pero la agenda social insiste en poner en duda la utilidad de que el Estado financie carreras e investigación sociales.

La Argentina no es ajena a esa tendencia. El Estado nacional invierte fortunas para animar a los jóvenes a seguir ingeniería, programación y ciencias. Se consideran "prioritarias" para el futuro nacional. Nadie menciona las ciencias sociales entre esas prioridades, a pesar de los desafíos que enfrenta un país dividido y empobrecido en su capacidad para la construcción entre todos.

Al contrario, el hecho de que este año se hayan inscripto muchos menos alumnos en las carreras sociales y que las ingenierías les hayan ganado a la hora de atraer estudiantes fue una buena noticia para las autoridades de la UBA.

¿No les preocupa a las autoridades, estudiantes y docentes de Sociales? Las disciplinas blandas tienen un enorme aporte para hacer en la reconstrucción del tejido social en la Argentina. Pero el posporno de Sociales suena a sonsera y suma poco en la recuperación de la confianza en las disciplinas blandas y su objetivo comunitario..

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