domingo, 27 de octubre de 2013

Y usted por qué sacrificaría el sexo Sexo con Esther Esther Balac - ElTiempo.com

Ante la posibilidad de escoger entre sexo maanero y una taza de caf, gan el caf!.

Todo, hasta la venta de una llanta, se promociona ahora con sexo, con erotismo, y cuanto más explícita la imagen o la insinuación, mucho mejor.

En esto no hay medias tintas y eso se debe, en buena medida, al tabú y la mojigatería con la que sigue abordándose la sexualidad humana en todo contexto.

Como lo prohibido es lo más atractivo, para donde quiera que uno mire encuentra uno cualquier cosa investida por una connotación sexual.

Los publicistas parten de la premisa de que en nuestra cabeza no hay nada más, y eso no es tan cierto.

Para la muestra están los resultados de curiosos sondeos conocidos hace poco. En el primero, el Daily Mail les preguntó a sus lectores qué preferían: ¿un orgasmo o una hora más de sueño? Y adivinen... ¡Ganó la posibilidad de estar un ratico más en la cama!

Si bien es comprensible la elección, toda vez que esta humanidad vive recargada de trabajo y quejándose de cansancio, ¿cómo se explica entonces el resultado número dos? Ante la posibilidad de escoger entre sexo mañanero y una taza de café, ¡ganó el café!

En el mismo sentido se pronunciaron los huéspedes del hotel Le Meridien, en México, que no sacrifican ni sueño ni café por la promesa de una buena faena en la cama.

Qué interesante la forma como el cuerpo nos demuestra que en el aquello se rige por sus propias leyes y tiempos. Por eso he dicho, e insisto en ello, que la sexualidad es una impronta personal.

En ese sentido, por más que intenten desde fuera imponer patrones, modas y frecuencias, el cerebro y el departamento inferior del cuerpo se autogobiernan con base en sus propias necesidades. Por eso, y para ser justos, así como hay gente que deja el sexo por una taza de café, hay quienes han entregado tronos por un polvo. Lo arriesgan todo, porque las ganas, el gusto, simplemente pueden más.

Por eso es tonto tratar de medir esto con encuestas; la gente común, y hablo de ustedes y yo, otorgamos al sexo la prioridad que cada cual tiene a bien darle. Y eso está bien.

Aunque soy partidaria del sexo sin tapujos ni prejuicios, me cuesta trabajo imaginarme un mundo donde hasta eso se somete a horarios y a conteos.

Si a nadie lo preocupa cuántas veces va uno al baño o se sienta a comer, ¿por qué tanto empeño en averiguar cuántas encamadas acumula uno al mes o si las prefiere a dormir una hora más?

Démonos por bien servidos si en algún momento empezamos a ver el sexo y sus componentes como la función normal que son, y no como una estúpida disculpa para hacer encuestas, diagnosticar a la sociedad o vender llantas. Hasta luego.

ESTHER BALAC
Para EL TIEMPO

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