sábado, 5 de octubre de 2013

Por: Roberto Fernández - Diario Hoy (Ecuador)

Columna del padre Roberto

Por: Roberto Fernández

rofer@hoy.com.ec

Definitivamente el Papa Francisco llega más con los gestos que con las palabras. Esta visita es quizá un gesto de devoción personal y de gratitud, pero principalmente es un mensaje del rumbo que quiere imprimir a la Iglesia en esta nueva singladura. Otros 19 Papas ya habían visitado Asís. Juan Pablo II, seis veces, y Benedicto XVI, dos. Pero el Papa ha querido visitar ayer la ciudad del santo que, además de inspirar su nombre, le inculcó el propósito de renovar la Iglesia desde la humildad y la pobreza, las dos virtudes más características del Santo de Asís. Es que Asís tiene duende, el magnetismo que San Francisco, el más italiano de los santos que decía Pío XII, sigue irradiando ocho siglos después. Allí acudieron 60 000 peregrinos para venerar al santo y cientos de periodistas con el propósito de cubrir las 12 horas de una visita que empezó temprano con caricias y un abrazo personal a los 80 niños minusválidos que lo aguardaban al pie del monte Subiaco, en el corazón de la preciosa e italiana Umbría.

Hubo también palabras importantes. Dijo que era "un día de lágrimas" por la trágica muerte de 300 emigrantes que naufragaron este jueves, entre el fuego y el agua, en la barcaza que no pudo alcanzar el puerto de Lampedusa. Pidió a la Iglesia imitar a San Francisco y "despojarse de la mundanidad que lleva a la vanidad, a la prepotencia y al orgullo, para ser pobre y solidaria con los discapacitados y las personas marginadas. Apostrofó "la mundanidad espiritual que asesina el alma, mata a las personas y mata a la Iglesia". Insistió en el ejemplo radical de San Francisco que imitó a Cristo y nos enseña una paz que "consiste en una relación viva con Jesús y no en una simple armonía panteísta con las energías del universo".

En el espíritu franciscano del amor a la naturaleza y de las Florecillas del fundador de los Frailes Menores, hizo oración en San Damiano y en la Basílica y recomendó así a los fieles allí presentes: "Respetemos la creación, no seamos instrumentos de destrucción. Respetemos a todo ser humano, que cesen los conflictos armados que ensangrientan la tierra, que callen las armas y en todas partes el odio ceda el puesto al amor, la ofensa al perdón y la discordia a la unión. Escuchemos el grito de los que lloran, sufren y mueren por la violencia, el terrorismo o la guerra en Tierra Santa, tan amada por San Francisco, en Siria, en todo el Oriente Medio, en el Mundo".

Aunque el Papa Francisco diga todo esto en un contexto diferente al nuestro, su mensaje nos llega también a nosotros que vivimos en la ciudad de San Francisco de Quito y necesitamos el espíritu de nuestro santo Patrono para restituirle a la naturaleza sus derechos, que no son otros que los mismos derechos humanos de vivir en armonía y en buena vecindad al mil por mil y sin restar un ápice a un bien común que requiere todos los esfuerzos hacia la calidad total, que no es un concepto tan nuevo, pues el mismo Santo Tomás decía que lo bueno requiere una integridad completa, mientras que, para ser malo, basta cualquier defecto.

 

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Autor: Roberto Fernández - rofer@hoy.com.ec

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