martes, 1 de octubre de 2013

El sexo anónimo y la homofobia - InOut Post

Alguna vez cuando fui a dar charlas a los institutos de la comunidad de Madrid como voluntario del COGAM, sobre prevención del acoso homofóbico, algún profesor me decía que con un poco de tiempo, estas charlas no serían necesarias, ya que será aceptada con naturalidad la diversidad afectivo-sexual, pero que de momento sí que lo eran. Ojalá tenga razón, aunque intuyo que el cambio llevará tiempo.

 

El contexto homofóbico

 

Muchos homosexuales que ya no están en los institutos, hubieran necesitado estas charlas, y muchos de sus compañeros, más aun. No nos engañemos, la homofobia que percibimos en las instituciones educativas fue sólo un ingrediente más que reforzó la homofobia proveniente de otros sectores de la sociedad. Es cierto que hoy escuchamos mensajes más matizados sobre lo que implica ser homosexual, sin embargo, cuanto más mayores, más habremos escuchado mensajes represivos y/o denigrantes.

 

Nos hemos formado como personas a pesar de ese ambiente y hemos sobrevivido a él. Hemos escuchado que los homosexuales éramos así o asá. Y si algunos nos amoldamos a actuar como eso que se esperaba de nosotros, otros rechazamos ser así, y actuamos al revés de lo que se suponía: "no éramos como los demás". En los dos casos, nos limitamos la libertad de ser como sentíamos, porque los modelos sociales nos condicionaron. Por fortuna, los jóvenes de hoy tienen mayor libertad de elegir de qué manera desean vivir su homosexualidad.


 

El beso de dos hombres a plena luz del día y en público era algo impensable hasta hace poco tiempo en España, y hoy sigue siendo perseguido en muchos estados.


¿Este condicionamiento que hemos vivido nos ha dejado secuelas? Esto variará en cada persona, no es lo mismo haber gozado de apoyo familiar que haber carecido de él, haber contado con la complicidad de amigos o haber llevado ser homosexual en solitario, haber vivido en una gran ciudad o en un pequeño pueblo, que los demás imaginaran o estuvieran seguros de nuestra homosexualidad, o que no la sospecharan, y así con muchos factores más.

 

Efectos de la homofobia en lo afectivo y la sexualidad

 

De este cúmulo de circunstancias hemos sufrido las consecuencias, distintas en cada caso. Hoy quiero centrarme en el área de la sexualidad.

Venimos de siglos en que la sexualidad homosexual era negada, ya sea porque era pecado para la iglesia, delito para los estados o enfermedad para los médicos.  Y muchas veces, todo a la vez. Pero también fue negada la existencia del amor homosexual, es decir, era algo que no se concebía, y que dado los riesgos que conllevaba –como la prisión o el psiquiátrico-, dos hombres no mostraban su afecto en público, era invisible.

 

Frente a esas descalificaciones y negaciones, los homosexuales hemos resistido como mejor hemos podido, muchas veces reafirmándonos en nuestro sentir y hacer. Otras veces, ocultando lo que vivimos, llevando una doble vida, como siguen haciendo muchas personas homosexuales allí donde sienten que falta libertad.

 

En España, tras el fin de la dictadura, se recuperó primero la libertad sexual con la anulación de la legislación discriminatoria. ¿Y la libertad de cortejo? No estaba prohibida por la legislación, pero era infrecuente. Por eso, sólo recientemente se está recuperando la libertad de cortejar en público a alguien de nuestro mismo sexo. Es el fruto del cambio en las costumbres, en el que los más jóvenes suelen llevar la delantera, cada vez que no se cortan al mostrar su afecto en público fuera de los guetos de cada ciudad. Siempre me alegro cuando los veo de la mano fuera de lo que considero "zona protegida".

 

Ligar entre hombres

 

Los guetos son útiles mientras sigamos percibiendo la homofobia. En las sociedades en las que los heterosexuales se toman con indiferencia que una persona homosexual intente ligar con ella, ya no son tan necesarios, como parece que está pasando en los países nórdicos. De momento, parece que en España hay una cantidad de gente que los necesita para relacionarse con más tranquilidad.

 

A su vez, aunque hablo de homosexuales y gueto, es evidente que hay muchos más establecimientos comerciales destinados a gays que a lesbianas. Suele pensarse que es el género el que hace que los hombres estemos más predispuestos al ligue que las mujeres, y que de ahí se deriva esa asimetría. Sin embargo, creo que entre los factores culturales, también juega un papel importante que durante siglos, el sexo homosexual se siguió practicando mientras que el cortejo homosexual no. Y si antes los bares y otros comercios afines sólo estaban en las grandes ciudades, hoy con Internet, Grindr, Bender, etc., el ligue se puede concretar desde cada casa.

 

Internet ha permitido conectar entre sí a millones de homosexuales que viven dispersos en todo el planeta


Sexo anónimo

 

También en el siglo XXI podemos llegar al encuentro sexual sin saber nada de sus participantes, hecho del que quiero señalar algunas de las posibles consecuencias. Una de ellas es que para algunos hombres homosexuales, el sexo parece estar ocupando el lugar de sustituto del amor. Esto se ve facilitado porque tantas veces se busca amor y se encuentra sexo, que finalmente se acostumbra uno a conformarse con lo segundo. Luego aceptamos que encontrar pareja es casi imposible, y vemos que el tiempo transcurre mientras nos resignamos a verla como algo que se nos escapa.

 

De aquí que aunque el sexo anónimo pueda vivirse con despreocupación, no ahorra el malestar derivado de que no cubra todas nuestras necesidades afectivas. Creo que esto se hace más evidente cuando los participantes lo viven como "sólo sexo", evitan la intimidad en los encuentros, no se muestran como personas y no "ven" a la persona con quien están. No me refiero a la oscuridad del cuarto oscuro, sino a que el contacto se limite a lo que ocurre dentro de él.


Unas veces esto pasa porque una parte suya rechaza lo que hace y cree que será rechazado por los demás al atribuir a ellos su propio juicio. Otras, porque se asocia lo amoroso a lo femenino, y se puede sentir pánico a ser tomado por menos "macho" de lo que se pretende. En hombres que no se reconocen como homo o bisexuales aunque mantienen prácticas homosexuales, esto se acentúa, ya que ven como propio de maricas cualquier expresión de afecto, y no pueden aceptarse como uno más.


Este camino puede conducir a una decepción, ya que al hacer lo que uno desea (relajarse y pasar un buen rato teniendo sexo), no necesariamente satisface lo que necesita (sentir el cariño de otra persona que nos vea como la persona que cada uno es). Cuando para compensar esa decepción se recurre a más sexo anónimo, el proceso se perpetúa y realimenta. Esto es posible porque se reduce la autoestima y nos creemos menos dignos de ser queridos.

 

Claro que hay beneficios en las prácticas sexuales, y no se reducen al placer sexual en sí. Para muchos, esto permite vivir una vida más disociada entre su parte (homo) sexual y el resto de su vida, es decir, puede servir de apoyo para quienes quieren permanecer adentro del armario y no podrían sostener una pareja homosexual continuada sea frente a su familia o a la sociedad.

 

Dejo para otro día una consecuencia diferente de los encuentros anónimos, y es que muchas veces el lapso de tiempo que transcurre desde la toma de contacto hasta llegar al primer polvo es demasiado breve para poder negociar la forma de protección frente a las ITS, negociación que se entorpece aun más si los participantes están colocados y pierden el control de su parte racional.

 

Haber resistido tanto tiempo a tanta represión es para muchas personas motivo de Orgullo

¿Cómo ampliar el repertorio de conductas?

 

Creo que hacen falta más lugares de socialización, en el mundo gay especialmente, sitios de encuentro donde poder conocerse sin la expectativa de que se van a mantener prácticas sexuales allí mismo en ese momento. Confío en que el cambio se irá haciendo paulatinamente, son muchos siglos de represión los que nos han conducido a esta situación peculiar.

 

Y mientras tanto, ¿qué hacer? Lo primero es tomar conciencia de donde uno está, y darse cuenta de si encuentra o no lo que está buscando. A esto puede llegarse por distintas vías, según el carácter de cada persona, porque no todos recorremos el mismo camino para percibir la realidad.

 

Unos llegarán guiados por sus emociones, estando atentos a si sienten tristeza, miedo, vergüenza, ira, o cualquier otra emoción que les incomode. Otros simplemente sentirán el rechazo o el hastío desde el propio cuerpo, quizás sin ponerlo tanto en palabras. Y habrá quien llegue desde el pensamiento lógico, a partir de reflexionar con más distancia sobre lo que les está pasando.

 

El siguiente paso es intentar cambiar algo de nuestra mecánica. El simple hecho de asumir lo que hacemos sin autoengañarnos, es ya sanador.  Partimos del reconocimiento de la realidad, darnos cuenta de lo que necesitamos, y ver si nuestra estrategia funciona. ¿Qué precio estamos pagando?
Si nos parece demasiado, podemos dedicar parte del tiempo y el esfuerzo a la atención de la necesidad y ver los resultados. Es básico estar conectados para poder satisfacerla, y si vemos que no podemos solos, buscar ayuda.

 

Cada uno de nosotros es co-creador de su propia realidad y de la de todos. Es cierto que el medio nos condiciona. También que nosotros somos capaces de influir sobre él y sobre nuestra vida con nuestras acciones.

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