jueves, 24 de octubre de 2013

Autos eléctricos - ÚltimaHora.com

En el siglo XVII, el cardenal Richelieu  mandó preso al ingeniero francés que inventó un vehículo movido a vapor.

El cardenal pensaba que Dios no había hecho el vapor de agua para eso. Es dudoso que ese religioso, tan poco religioso, supiera lo que le gustaba a Dios. Pero no se trataba de una cuestión teológica, sino de la resistencia al cambio, que siempre existe. También hubo resistencia contra el globo, el pararrayos y la vacuna contra la viruela, supuestamente en nombre de la religión.

Como ahora no se cree en la religión sino en la ciencia, la resistencia al cambio emplea objeciones de tipo económico contra las energías alternativas: son demasiado caras, no son prácticas, etc. En realidad, es una cuestión de decisión. A principios del siglo XX dijo Winston Churchill: el precio del petróleo no existe sino que se lo fija. El Gobierno inglés tuvo una política muy definida para asegurarse el acceso al petróleo; lo mismo hicieron las demás potencias mundiales, y muchos países que no eran potencias. Entonces, ¿por qué no apostarían ahora por los autos eléctricos?

El uso de combustibles fósiles (petróleo, gas, carbón) tiene efectos negativos para la ecología. Sobre el asunto, existe un reciente informe de una oficina de las Naciones Unidas, el Panel Intergubernamental del Cambio Climático.

Si no se reduce el uso de combustibles fósiles, el mundo tendrá serios problemas, dice el informe preparado por más de 200 científicos de nivel internacional. Es justo y necesario hacer algo al respecto, y el Paraguay debe hacer algo. De hecho, ha comenzado a hacerlo.

A comienzos de este año se presentó el Aguará, auto eléctrico fabricado por los ingenieros David y César Vega. ¿Cómo se hará para producirlo en masa? Quizás no sea necesario producirlo en el Paraguay, y esto me recuerda el caso de Dinamarca. Ese país tiene excelentes ingenieros, que diseñan máquinas producidas en consorcio con otros países, para superar las limitaciones del reducido mercado danés. Todo es posible una vez que se tiene la capacidad para la invención. Esta es una capacidad que se debe desarrollar en países de recursos limitados; ha dado excelentes resultados en otros y no hay razón para que no funcione aquí.

Tampoco es cuestión de poner todas las frutas en un solo canasto, de jugarse solamente a la fabricación de autos eléctricos. Se puede apoyar la difusión de ese tipo de vehículo de varias maneras, como se lo hace.

Ha sido una buena iniciativa del Congreso la de liberar de impuestos de aduana y de importación a esos autos. Es alentador que varias empresas decidan importarlos. Itaipú tiene su programa y, según se informa, contará con la colaboración de la empresa Renault. Esto permite esperar que el aire de las calles se vuelva más limpio en vez de más irrespirable; para mencionar una de las ventajas.

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