martes, 27 de noviembre de 2012

Sexo puro y duro - ElEspectador.com

Fisiológicamente todos somos hermafroditas ya que la influencia hormonal masculina y femenina impregna a todos los seres. Esto es un fenómeno evolutivo ya que primigeniamente el sexo era único y pro femenino. Posteriormente y para no tener un mismo ser que hacer toda la tarea reproductiva para permanecer sobre la madre tierra, se aparecieron los sexos pero no con la misma forma que conocemos hoy día sino que la diferenciación sexual produjo a través de los tiempos seres sexualmente diversos y con características físicas, comportamentales y preferencias disimiles. Es lo que Alfred Kinsey llamó el espectro sexual.

No todos esos seres beben de la misma fuente imaginativa del paraíso terrenal sino de la fuente pura y dura de la biología la que sí se dio a la tarea de respetar esas diferencias y no especuló desapareciéndolas del planeta como hoy si pretenden algunos retardatarios con las llamadas minorías sexuales. Concepto este de minoría que no implica irrespeto ni subordinación ni indignidad pero que para algunos sí.

Así la biología, esa que nos colocó a todos sobre la tierra le dio por experimentar y sacar al ser con pene, al ser con vagina y clítoris, al ser con un rudimento de vagina o con un rudimento de pene, al ser con una mezcla de vagina y pene , al hombre en cuerpo de mujer, a la mujer en cuerpo de hombre, Y en ese pleomorfismo influido por sustancias sexuales -hormonas- también aparecieron las preferencias de unos hacia otros, dictadas desde la esencia misma de la célula, solo que floreciendo en entornos distintos que ya fuesen permisivos o coercitivos permitían florecer o no esas diversidades, en lo que se dio por llamar cultura.

En ese punto, la cultura al no poder desconocer a la biología, la somete a sus designios rotulando y discriminando o normatizando a todos esos seres que tuvieron el infortunio de no ser numéricamente mayoritarios. Se politizó así desde la cultura lo biológico y se sometió a su arbitrio el derecho de esos seres supuestamente minoritarios. La cultura los relegó a un ostracismo implacable pero la fuerza del tiempo y la comprensión cada vez mayor por la ciencia hizo que esa idea de minoría y sin derechos fuese combatida y cambiada por la idea de igualdad en derechos para todos.

Llegándose hoy en el mundo moderno al consenso que todos los seres tenemos igualdad de derecho independiente de su forma, raza, preferencias o deseos, en lo que constituye la libertad individual y su parte mas próxima la intimidad personal. Esto hace que los comportamientos se liberan mientras mantengan entre si el respeto por los que emanan del otro. Es decir, aparece el respeto mutuo en la práctica de la libertad individual.

Esa nueva concepción del derecho permite que en la sexualidad las preferencias sean las que cada uno determine desde su complejidad biopsiquica, siendo posible ahora que el imperio del sexo y los sentidos se liberen hasta permitir el goce en binomios, trinomios, grupos, intercambios, etc. O sea que se pueda hacer uso del recurso imaginativo que plazca para la satisfacción y utilizar cualquier espacio de la anatomía que se considere; sin que ello constituya en justicia falta alguna ya que pertenece al fuero interno de cada individuo.

Así que hacer hoy en día una apología de la moral para ofender un comportamiento sexual determinado está fuera del contexto de la modernidad que a Colombia nos va llegando a cuentagotas pero que llega, llega.

Por Alfredo Ivan Niño Maldonado, colaborador de Soyperiodista.com

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