miércoles, 28 de diciembre de 2011

Tuvo sexo con una nena de 13 años y lo sobreseyeron - AIM Digital

En un fallo polémico y en disidencia, la Cámara del Crimen sobreseyó a un joven de 21 años acusado de abusar de una nena de 13 , por considerar que ambos eran "novios" y que ella tenía "cierto grado de madurez sexual" que le permitió consentir las conductas íntimas que realizaron.

La causa se había iniciado el 30 de octubre de 2009, cuando la madre de la adolescente denunció que había salido de la escuela y no había regresado a la casa. Volvió un día después, y así descubrió que mantenía una relación con el muchacho desde hacía un año.

Según consta en la causa, se habían conocido cuando la chica "concurría a una iglesia evangélica para colaborar con otros chicos", y el joven "se ocupaba de la banda de música como manager". Habían mantenido relaciones sexuales a través de tocamientos y de sexo oral. Y en la causa se aportó como prueba unos 200 mensajes de texto con contenido erótico.

Sin embargo la Sala VII de la Cámara del Crimen, con las firmas de los jueces Mauro Divito y Rodolfo Pociello Argerich, descartó que la nena hubiera sido sometida por el hombre "aprovechándose aquel de su mayoría de edad y de la inmadurez sexual de la víctima". Divito evaluó: "para que se configure ese delito, la víctima debe carecer de experiencia sexual. La inmadurez o inexperiencia sobre la materia es lo que vicia el consentimiento otorgado por aquélla, en el entendimiento de que no ha podido comprender la significación última del acto".

El Código Penal, en su artículo 120, castiga con prisión o reclusión de 3 a 6 años a quien tuviera "acceso carnal por cualquier vía" con "una persona menor de dieciséis años, aprovechándose de su inmadurez sexual, en razón de la mayoría de edad del autor, su relación de preeminencia respecto de la víctima, u otra circunstancia equivalente".

Sin embargo el juez se basó en la declaración de la nena, que admitió: "todo salió por mí, nunca me forzó a nada. Obvio que me decía; yo también se lo decía por mensajes, pero en ese momento no me dijo". Por eso Divito entendió que "el contacto sexual investigado se dio en un contexto de noviazgo en el que la menor contaba con cierta madurez sexual y no se vio forzada".

El camarista Pociello Argerich completó que "la actual redacción de la figura (de abuso sexual) ha sustituido el concepto de seducción finta por la real", lo que implica que debe probarse que el adulto se aprovechó de la inmadurez sexual de la víctima.

En disidencia, el juez Juan Cicciaro había propuesto el procesamiento porque "las propias condiciones psicológicas de la menor llevan a concluir en que se verifica la seducción –real, ello es, no presumida– que, como instrumento, desplegó el imputado para conseguir las conductas sexuales referenciadas, respecto de una niña cuya inmadurez sexual ha sido acreditada". Admitía que no fue "forzada para vincularse sexualmente con el joven, aunque sí inducida por mensajes y pedidos".

"Desde el punto de vista técnico, ambas opiniones son jurídicamente correctas", señaló el abogado penalista Adrián Tenca, autor del libro Delitos sexuales. Recordó que, cuando se modificaron los artículos del Código Penal referidos a delitos contra la integridad sexual, "el Congreso dijo que no había que prohibir ni sancionar el amor juvenil". Tal como estaba antes, "todo adolescente podía ser imputado como violador", comentó la doctora Laura Musa, a cargo de la Asesoría General Tutelar de Menores de la Ciudad.

Pero en este caso, sólo la nena era adolescente. Tenca admitió que "son cuestiones discutibles", y que "la madurez o inmadurez sexual es un concepto bastante amplio y, si se quiere, ambiguo".

"Hay una posición dominante del muchacho, que es adulto, observó Musa. El punto del debate es saber en qué momento renuncia el Estado a seguir defendiendo a una niña, más allá de lo que pueda decir ella. Es extraño que la justicia le dé una entidad de adulto, cuando no hace valer la opinión de los niños en otros temas que les atañen, como el régimen de visitas o la educación religiosa".

"Parece que se desvaloriza la necesidad de protección del derecho a la privacidad de una niña, diciendo que goza de una experiencia que al mismo tiempo la torna incapaz de ser protegida, señaló la asesora tutelar. Hay una enorme lucha por parte de los abogados de niños para que su voz sea oída, y es muy llamativo que sólo en el campo de la falta de protección al derecho de la integridad sexual se los considere adultos".

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