miércoles, 21 de diciembre de 2011

Las Conejas y el Sexo - Diario El Mundo de Córdoba (blog)

Hefner hizo más por el sexo sin culpa, las rubias, los solterones y púberes, el erotismo gráfico, y el Viagra, que cualquier enciclopedia de sexología o la Sección Amarilla.

Martes, 20 Diciembre 2011

Talavera Serdán
Colaboración especial

Para empezar, nos dio a conocer, digamos, íntimamente, a Marilyn Monroe (en la primera portada de su fructífera carrera como Chica de Calendario), Raquel Welch, Farrah Fawcett, Pamela Anderson y Kim Kardashian, entre muchas otras diosas sensuales.
El estilo de vida que publicita Playboy Magazine, su creación más duradera --irónicamente, inicia en publicaciones con una revista para niños-- presagió y contribuyó sustancialmente a la sociedad permisiva actual; pero Playboy, que hoy se publica en más de 100 países en ediciones locales (México tiene la suya, desde luego) es mucho más que la suma de sus jugosas partes.
Un ícono auto fabricado de durabilidad y elevado factor de reconocibilidad, famoso asimismo por sus batas de seda y pipas y una rubia invariablemente en un brazo, o en ambos, Hugh Hefner, sonrisa delgada de oreja a oreja entre cínica e ingenua (si ello es posible), a sus 85 impera sobre su negocio que se ha ramificado en formas insólitas, y es el Master de su Dominio, su "Xanadú de 30 habitaciones", como describe un biógrafo a su famosa mansión en Holmby Hills en Los Angeles, que es escenario igual para orgías entre celebridades que fiestas de beneficiencia.
El carismático Hef, nacido en Chicago (abril 9, 1926) es vocero defensor de la revolución sexual y la libertad personal. Estudió sicología en la Universidad de Illinois y sirvió al ejército en los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial.
Al cumplir los 60, con su imperio editorial cimentado, dos matrimonios, cuatro hijos, jet privado (negro con la imagen del Conejo), su franquicia "Playboy" de clubes para hombres (ya cerrados, tras escándalo de drogas imputable a terceros) ya había reforzado su reputación de conquistador auto-proclamado de haber hecho el amor "a más de dos mil mujeres".
Antes de regresar recientemente a la práctica monogámica vivió una decena de años con tres rubias espectaculares (cifra que bajó de siete previamente) quienes, de hecho, aprovecharon su estancia en la Mansión para rodar un "reality", The Girls Next Door (aquí lo llamaron "Las Conejitas de la Mansión Playboy") y hoy se dedican al asunto financieramente redituable de ese género televisivo.
Playboy apareció en los puestos en 1953, provocando oleadas de indignación moralista que apenas acallaba el hecho de la revista y sus "imágenes perniciosas y degradantes" (aunque no eran desnudos totales y realizados con muy buen gusto), como dijeron en juzgados por todo EUA que acusaban a Hefner de "pornógrafo", pese a estar equilibrada con artículos serios, entrevistas a intelectuales como Norman Mailer o Gay Talese, pero Hefner es el verdadero precursor del erotismo gráfico de inicios de los 50s, cuando los desnudos estaban relegados a revistas marginales y semiclandestinas, él reivindicó la sexualidad humana. Ninguna demanda prosperó.
Playboy se caracteriza también por su tono juguetón pero crítico donde caben libertad de expresión, periodismo serio y literatura.
Playboy triunfó inmediatamente, sobre todo porque Hefner había comprado una fotografía de Marilyn Monroe (entonces aún Norma Jean Baker) desnuda, de antes de su éxito en Hollywood, y la hizo el Centerfold (desplegable) de su primera edición. MM ya era conocida en el momento en que la revista salió, incluyendo un editorial escrito por Hefner donde exponía la filosofía de Playboy.
Más adelante se hizo famoso y popular en los 60s cuando lo mostraban dirigiendo su imperio desde la amplia cama redonda de la Mansión Playboy de Chicago. Hef ya era dueño de una cadena de clubs nocturnos, atendidos por chicas con disfraz de conejitas ("bunnys") y se extendió a otros negocios, como casinos y hoteles.
Concluye con el siguiente Paparazzi, donde desplegamos los amores del playboy.

Fuente principal: The
Celebrity Sex Register, por Shirley Sealy.

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